El Feudalismo Se Formaba Por
CLERO
El Alto Clero estuvo siempre dominado por el episcopado, cuyos poderes
terrenales eran equiparables a los de cualquier señor laico. En un
primer momento, los monjes, todos pertenecientes al Bajo Clero, quedaban
dentro del ámbito de poder de los obispos; más tarde, serían los abades
quienes terminarían por delimitar su autoridad sobre los miembros de
las órdenes monásticas, quedando los sacerdotes en el ámbito de la
diócesis episcopal.
En las abadías, se fueron perfilando modelos distintos: por un lado,
aquéllas que no eran poseedoras de grandes propiedades y que dependían
para su supervivencia de las limosnas de los fieles, y de algunos
predios entregados por los señores del lugar para garantizar el sustento
de la comunidad religiosa. La necesidad de dinero favorece que sea en
este momento en el que la figura de la limosna es ensalzada como deber
fundamental para el creyente y camino para la salvación del alma.
Otros monasterios poseían extensas propiedades y el abad actuaba como un
señor feudal, en algunos casos incluso nombrando caballeros que le
protejan o favoreciendo la creación de órdenes religioso-militares de
gran poder. Sea como fuere, en éstos el dinero proviene de las rentas
que son entregadas por los siervos, generalmente en especie, así como de
las aportaciones, muchas de ellas generosas, y a veces interesadas, de
otros señores. La necesidad de mantener una buena relación con el abad
de un monasterio poderoso favorecerá que otros señores entreguen
ofrendas de alto valor y ayuden a la construcción y embellecimiento de
iglesias y catedrales que simbolizaban el poder.
El diferente destino de los eclesiásticos venía determinado por su
ascendencia social. Se trata del estamento social más abierto, pues
cualquier persona libre puede incorporarse al mismo pagando una cantidad
de dinero dote. Éste será el elemento que determine dentro del
estamento la posición que, efectivamente, va a ocupar cada uno. Los
hijos de los señores que se integran dentro de la iglesia aportarán
cuantiosas sumas que garantizan, no sólo su supervivencia de por vida,
sino un incremento patrimonial notable para el cabildo catedralicio o
monasterio en el que se integran, y un rango alto de los donantes dentro
del sistema. Son éstos los que ocuparán más tarde los cargos obispales.
Por otro lado, los clérigos serán los hijos de los campesinos y, en
general, de los no privilegiados, y cuyas funciones, además de las
religiosas, estarán limitadas al ora et labora. Esta práctica degeneró
en la práctica de compraventa de cargos eclesiásticos llamada simonía.
LA CABALLERIA
La obligación primordial del vasallo era cumplir con los deberes
militares, sobre todo la defensa del señor y sus bienes, pero también la
defensa del propio feudo y de los siervos que en él se encontraban. Una
obligación pareja era aportar una parte mínima de los tributos
recaudados al señor para engrandecer sus propiedades. El caballero no
tenía en realidad un dueño, ni estaba sometido a poder político alguno,
de ahí que se encontrasen caballeros que luchaban en las filas de un rey
un día, y al siguiente en las de otro. Su deber real era para con el
señor a quien le unía un espíritu de camaradería.
En el siglo IX aún se usaba el término milites para hacer referencia a
los caballeros, aunque pronto los idiomas locales fueron gestando
términos propios que se agrupaban en "jinetes" o "caballeros". Su
importancia fue en aumento al prescindirse cada vez más de la
infantería. El caballero debía proveerse de caballo, armadura y armas, y
disponer de tiempo de ocio para cumplir su misión.
Aunque abierto al principio, el estamento de los caballeros tendió a
cerrarse, convirtiéndose en hereditario. Con el tiempo, los caballeros
eran ordenados al terminar la adolescencia por un compañero de armas en
una ceremonia sencilla. En este momento ya no importa la fortuna, sino
la ascendencia, creándose diferencias notables entre los mismos. Los más
pobres disponen de un pequeño terreno, y ocupan su tiempo entre las
labores propias del campesino y la guerra. Los más poderosos, que
disponen de tierras y fortuna, comenzarán a formar la auténtica nobleza,
concentrando poder económico y militar.
La caballería en los reinos de Hispania:
En los reinos peninsulares, los reyes, siempre necesitados de tropa para
enfrentarse a los moros, promueven la caballería entre sus súbditos de
modo muy sencillo: era caballero aquél capaz de mantener un caballo,
cosa para la que se requería una mínima fortuna, pues el caballo no
sirve para las tareas del campo. Al cabo de tres o cuatro generaciones,
manteniendo un caballo, se adquiría la calidad de hidalgo (hijo de
alguien). Ésta es la razón por la que Alonso Quijano, don Quijote,
tuviera un caballo flaco: para seguir llamándose hidalgo y el hecho de
que quisiera ser armado "caballero", una burla más de Cervantes que
entendían quienes, en la época, sabían que hidalgo era más que
caballero.
Tener un caballo suponía poder participar en las guerras del rey y,
comportándose valientemente, tener la posibilidad de que el rey le
concediera mercedes.
Esta organización, mucho más permeable socialmente, tuvo dos
consecuencias: fortalecer el poder real frente a los nobles, puesto que
el rey tenía ejércitos sin necesitar su ayuda, y haciendo más fuerte el
poder real, hacer más poderoso el país, como así ocurrió. Véanse las
guerras civiles entre Pedro I de Castilla y su hermanastro Enrique, cómo
el primero se apoya en las ciudades y el segundo en los nobles, pero
cambia de bando hacia las ciudades cuando derrota y mata a Pedro.
LOS NO PRIVILEGIADOS
El conjunto de laicos libres que no pertenecen a la reducida categoría
caballeresca son los no privilegiados en cuyo trabajo descansa el orden
económico del feudalismo.
El más numeroso grupo lo forman los campesinos libres, que trabajan la
tierra, generalmente ajena, o pequeñas parcelas propias. Entre éstos
sigue habiendo diferencias, según se sea labrador que dispone de una
yunta de bueyes o mero peón. En algún caso singular, campesinos libres
llegan a poseer grandes extensiones que les permitirán más tarde llegar a
la condición de terratenientes y, de ahí, a nobles, pero serán
situaciones excepcionales.
En cualquier caso, lo que les distingue como estamento, como siervos, es
su situación de dependencia frente a un señor que no han elegido y que
tiene sobre ellos el poder de distribuir la tierra, administrar
justicia, determinar los tributos, exigirles obligaciones militares de
custodia y protección del castillo y los bienes del señor y apropiarse
como renta feudal de una parte sustancial del excedente, en trabajo, en
especie (porcentajes de la cosecha) o dinero.
LOS VILLANOS
Recibían este nombre los habitantes de las villas dedicados a la
agricultura. Se distinguían dos clases: los siervos (siervo) y los
campesinos libres. Los siervos no eran dueños de sus personas. Formaban
parte de la tierra, por lo cual se les llamaba siervos de la gleba. No
podían abandonar la tierra sin consentimiento del señor, lo mismo para
contraer matrimonio. Se les podía vender junto con la tierra. Tenían,
además, que pagar por la tierra que cultivaban y servir gratis al señor.
Los campesinos libres podían cambiar de lugar, contraer matrimonio,
transmitir sus bienes. Sin embargo, estaban obligados al servicio
militar y a pagarle al señor impuestos en dinero o en especie por el uso
de la tierra. La vida de los villanos era muy dura. A menudo se veían
acosados por el hambre y la peste. El sistema feudal, desde el punto de
vista político, inicia su decadencia al comenzar las Cruzadas. Aun
cuando desde el punto vista social y económico en algunos países
persiste hasta nuestros días. El predominio absolutista de los reyes y
con la adquisición de libertades por parte de las ciudades termina de
poner fin al sistema.
LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
La llamada Guerra de los Cien Años fue una prolongada serie de
conflictos armados entre los reyes de Francia y los de Inglaterra que
duraron en realidad 116 años (61 años de guerra y 55 de tregua)
(1337-1453). Esta guerra fue de origen puramente sucesorio y feudal,
pues su propósito no era otro que definir quién sucedería a la rama
principal de los Capeto (extinta en 1328), los Valois o los Plantagenet,
y quién controlaría las enormes posesiones que los monarcas ingleses
tenían en territorios franceses desde 1154, debido al asc
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